Seminario Mayor de Bogotá

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Acerca de Nosotros

Seminario Mayor de Bogotá

El Seminario es, sobre todo, una comunidad promovida por el obispo para ofrecer a los candidatos al ministerio presbiteral la experiencia formativa que el Señor ofreció a los Doce (cf. Mc 3, 14)

MISIÓN DEL SEMINARIO

 

IMPERATIVO DE SER FAMILIA 

La comunidad del Seminario está sujeta a las ricas y complejas dinámicas de las relaciones humanas. Con el ánimo de aprender a elaborar las tensiones y contradicciones que se presentan en la vida comunitaria, se hace necesario consolidar en ella, los lazos de amistad y fraternidad cristianas y propiciar un estilo de vida evangélico que internalice los valores, sentimientos y actitudes de Cristo para que los nuevos presbíteros lleguen a ser hombres plenos y felices en el ejercicio de su ministerio. Se trata de es­tructurar el Seminario por una profunda caridad y amistad que le permita llegar a ser una verdadera familia que vive en la alegría. (Cf. Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Pastores Dabo Vobis, Ciudad del Vaticano, Editorial Vaticana, 1992, n 60.)

FORMACIÓN DE LA “MENTE CREYENTE" 

La formación del Seminario apunta a la maduración de la fe del presbítero. De hecho el Seminario es ante todo una comunidad de discípulos del Señor y los presbíteros que forma han de ser creyentes cada vez más convencidos. Este cultivo de la fe del fu­turo presbítero en el mundo actual debe tomar en consideración la capacidad de discernir la presencia de Dios en la cultura y, a la vez, la distancia crítica respecto de algunas tendencias nega­tivas de la modernidad. En consecuencia, debe tener en cuenta las nuevas lógicas y enfrentar la mentalidad relativista, la escisión entre la fe y la razón y el predominio de los elementos emocionales afectivos en la vivencia de la fe, el secularismo predominante y el espíritu laicista de la sociedad. Esto reclama una atención par­ticular a la formación de la "mente creyente" del futuro ministro e implica que el seminarista se abra a la verdad haciendo experien­cia de la pedagogía de Jesús, en actitud de discernimiento y de gestión de la cultura.

 ACTITUD DE DIÁLOGO

Hay una insistencia reciente en la Iglesia sobre la espiritualidad de comunión, uno de cuyos elementos fundamentales es la prác­tica del diálogo como camino para crecer en el fortalecimiento y expresión de la comunión y en la complementariedad de los diversos carismas y ministerios. La pedagogía de Jesús, plenitud de la pedagogía divina, se caracteriza por salir al encuentro del otro, caminar con él, escuchar, conversar, preguntar, ayudar a in­terpretar, hablar al corazón, crear vínculos; por lo tanto, los semi­naristas deben hacer experiencia de esta pedagogía dialogal en su encuentro con el Señor y en las relaciones que establezcan con los demás.

 Tenemos una sociedad que está mutando aceleradamente, fren­te a la cual el presbítero ha de hacer más aguda su capacidad de lectura crítica de la realidad en orden a animar propuestas de evangelización inculturada. De ahí la urgencia de enfatizar la po­lítica formativa de la confrontación para que el seminarista co­nozca e interprete la realidad a la luz del Evangelio. Uno de los as­pectos más característicos de esta mutación es el pluralismo. En este contexto, es necesario que el sacerdote esté capacitado para anunciar el Evangelio en actitud de diálogo, dejándose interpelar y enriquecer por quienes no profesan su misma fe. Los jóvenes seminaristas son también hijos de una cultura audiovisual, inte­ractiva, informática y digital que maneja lógicas y códigos diver­sos. Ellos han experimentado propuestas y aprendizajes nuevos. Nuestra labor formativa requiere no solo "estar al día" respecto de estas lógicas y métodos de enseñanza y aprendizaje sino saber dialogar desde ellas y con ellas.

 DISCERNIMIENTO DE LA CULTURA 

La configuración existencial y sacramental con Cristo sacerdote trae consigo, a la vez que exige de parte de los ministros, las convicciones, el entusiasmo y la generosidad del mismo Cris­to. El hombre y la mujer contemporáneos, en medio de sus bús­quedas de sentido y de plenitud, acogen con gusto, admiración y aceptación, el testimonio apasionado y creativo de quienes viven la vida con autenticidad, optimismo y compromiso.

El nuevo mundo urbano, en el que se gestan diversos y contra­dictorios dinamismos que afectan, negativa y positivamente la vida de las personas, pide de la formación de los presbíteros la capacidad de conocer e interpretar la cultura con sus valores y ambivalencias para interactuar eficazmente en ella como ciudadanos, cristianos y pastores.

 LOS NUEVOS ESCENARIOS DE LA MISIÓN 

La misión de la Iglesia en la ciudad, en consecuencia, está llamada a reconocer en el mundo urbano los signos de la presencia del Señor, para favorecerlos y a proyectarse con pasión y audacia, en los nuevos escenarios de la tarea evangelizadora con nuevas for­mas de encuentro, diálogo y anuncio.

Para formar pastores en esta pasión y audacia misioneras, el Semi­nario ve conveniente hacerse presente, a través de sus prácticas pastorales, en nuevos escenarios de la misión, para pensar, discer­nir y proyectar, desde ellos, la acción evangelizadora. Esta forma­ción requiere garantizar el acompañamiento de los seminaristas "en el terreno" y la permanente evaluación.

 

Tomado de:Plan Global. Publicaciones del Seminario. 2012

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